Poemas y delirios de Alicia Martínez
La montaña calla
reivindica su altura

con silencio
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Desdeelsilencio
DesdelalocuraDesdelahuidaDesdeelvacíoDesdeelsueñoDebajodelamesa

lunes, 14 de febrero de 2011

Este sábado recital en EL DORADO para presentar la plaquette FLECHAS DE ATALANTA


Son muchas las ocasiones que tengo de compartir mis poemas en recitales y lecturas varias, pero en la mayoría de los casos la lectura responde a su propia naturaleza de lectura, no se corresponde con la presentación física del poema: el poema hecho letra impresa, hecho carne de árbol, olor de cola y pintura...


Son muy pocos los poemas que tengo publicados, salpicados acá y allá, la mayoría de las veces en formatos digitales que son insípidos, incoloros, transparentes... por eso es para mi ésta una ocasión especial puesto que compartiremos la presentación del nº 2 de la Plaquette Flechas de Atalanta, un proyecto editorial de Luci Romero y Carolina Otero que busca rescatar las voces de las mujeres poetas de nuestro país.

En este número, además comparto páginas con dos poetas a las que tengo el placer de conocer, Berna Díez (con quien recitaré el sábado) y Laura Rosal, que convierte su poesía en imágenes con una sensibilidad intensa y clarividente. También están representadas en la plaquette María Gonzalez Martín Lorente y Antonio de Egipto. Todo ello ilustrado por Paula Bonet.

Os espero a todas y a todos este sábado a las once en EL DORADO. Será un placer leeros.

martes, 18 de enero de 2011

Querer sostener-te
la imposibilidad del abrazo
se hunde la tierra a mi paso

La huida de las palabras
justo en el quicio del abismo

Más allá de esas cuatro paredes
de sus ojos azules
de sus cuatro bracitos
Más allá de vuestras sangres
de vuestras pieles

De verdad, amigo, sólo el invierno

A Vík, a Alberto, a Vane, a Papá, a tantos cuantos miran ahora a sus adentros...
En compañía

viernes, 14 de enero de 2011

RÉQUIEM por los trabajadores


Huestes de ángeles imperiofollados
recogen a los trabajadores del mundo
se arrojan tierra a los ojos

Hoy se firma el Acta de Defunción del siglo XXI

No voy a hablar. Lo prometo
No gritaré
No levantaré banderas
ni haré sonar trompetas de guerra
No volveré a llamarles camarada
ni siquiera compañera

¿Qué acaso compartimos el pan?

Ya no hay nada que decir
Puta me entrego.
Mis manos. Mis hombros.
Mis piernas.
Mi cabeza. Mi sexo
Yo ya no soy yo.
Soy tu mano de obra...
Hazme lo que quieras

Alicia Martínez

HOY VER: http://www.kaosenlared.net/

sábado, 8 de enero de 2011

Supervivent, un poema de Eduard Ramírez

Eduard Ramírez és un paio encantador. Això diu ell, almenys. Amb l’esperança probable d’introduir el tema entre els continguts del discurs. O en la perspectiva del diàleg, que com ja implica la vostra interlocució, resta encara oberta. D’altra banda, Ramírez Comeig nasqué dignament a la ciutat de València l’any 1972. Més tard, entre bregues i il·lusions rodaires, es llicencià en filosofia per la Universitat de València. A més a més, és germà fundador de la Confraria del Bon Beure, i ha participat d’altres iniciatives associatives. Pel que fa a publicacions, té els poemaris Del renou i del descans (2001) i Trànsits Nord (2005), així com la coordinació del llibre Els estudiants prenem part: associacionisme i voluntariat a la UVEG (2002). També ha estat inclòs en algunes antologies, i col·labora al suplement Posdata (del diari Levante-EMV), les revistes Lletres Valencianes, El Temps, Pensat i fet, Universitar i d’altres.

SUPERVIVENT


Malat com estic de vida
les consciències tranquil-les
no em donen cap garantia,
pitjor amb les envanides
que enceten massa perills;
hui mateix m'esporgaré
sense volença a guarirme.


No serà avui quan assoliré cims
ni saons, però sí cremaré
l'enyor amb les branques malaltisses
i un poc més romandré supervivent.


Hui, m'esporgaré, doncs:
el somni de reviure
avança indiferent
al degoteig de sang.

Eduard Ramírez

domingo, 2 de enero de 2011

Mi calle

Dejar de remar para cobrar la avaricia
No cesa de deletrear su nombre
para no olvidar de dónde vino
Los días malos han llegado

ya nadie tiene monedas para darle

jueves, 9 de diciembre de 2010

Ella

En mi bar duerme el sol. Al atardecer va saltando de luna en luna, de hoja en hoja y acaba refugiándose detrás de la vieja cafetera. Cuando llega el primer rayo sirvo un agua con gas. Día tras día. Suenan los Rolling. El segundo prefiere cortado. The Kinks. El tercero, solo corto y un vaso de agua. Good Night, de los Beattles.
 Y entonces entra Ella.“¿Cuánto vale un cortado con hielo?” Echa monedas como uñas sobre la barra: “¿Me llega?”. "Da igual, ya me lo pagarás". “No, cógelo. Y lo que sobre al bote.” “Si no me veis en un mes, no os preocupéis”. Su voz resbala por la comisura de unos labios enmarcados en negro y arrastra el c(d)olor con las letras: Decir, duele. Borra.
"¿Te operan, al fin?". “No. Me ingresan para que no me suicide” Aprieta los labios y aplasta el llanto.
 Ahora lleva un vestido de licra ajustado a sus penas, marrón. En grandes letras pone BOOK y LIFE. Se ha recogido el pelo con greñas sobre la cara. Otro cuadro. Chaqueta de lana. Parece Janisse Joplin, pienso.
Se cambia seis veces de vestido al día y los desfila por el barrio fumándose. “A mi madre no le gusta como visto: dice que parezco una puta y me esconde la ropa”. A hurtadillas me la trae a mí. Suya o del mercadillo o de los contendores.
 Y yo me la pongo. Y, a veces, me convierto en ella. “Hoy estás muy guapa. Déjame que te vea. Que guaaaaapaaaa”. Siempre sonrío esquiva. Me asusta su locura-espejo “Toda la vida muerta y ahora me ingresan para que no me suicide”
 Ha sido ella quien se lo ha pedido a su madre: “Ya no puedo más, mamá. Llévame al hospital”. Van tres veces, quizás más. No la entiendo o sus recuerdos son borrosos como su voz. Se borra también caminando. Como un caracol, deshaciéndose con cada paso. Despacio.
“Fue cuando tenía 17 años. En una fiesta”. El nombre de la bebida se ha borrado: no lo que le pusieron dentro para divertirse con ella. “LSD: me violaron, me pegaron,...” “Estuve muerta y me resucitaron en el hospital”.
 Desde entonces, cada vez que revive va al hospital a que vuelvan a matarla. “Debería estar muerta”, borra.
 Fue la primera historia: la que todavía no me había contado. El resto de su vida ya me lo sabía: la huida, las palizas, los hijos, su etapa de pintora en París. Pintora en París. Pintora en París. “También fui actriz. Me hicieron morirme diez veces para verme las bragas. Los guarros."
No se le miran las bragas a la muerte
 “Deja que te cuiden”. Le digo. No se me ocurre nada mejor. Iba a desearle suerte. Pero no sé qué suerte quiere. Ella me tiende su mano. La barra en medio. Frontera/Límite del espejo. Atravieso el espejo, la cierro entre las mías. La acaricio. Quiero retenerla allí. Mano paloma. Mano caracol. Mano cristal
Se apoya en el espejo. La sostiene y la abraza. “Te sientan bien las gafas y te dan un cigarro... pero conoces gente muy interesante: puedo ayudarles, desde mi experiencia. La otra vez ayudé a una chiquita”.

 “¿Hace frío afuera?”. Se pone el abrigo y se arrastra a la calle.

Te quitan hasta las gafas. Ella no lleva gafas. Yo sí.

Alicia Martínez